Odio las zetas pero me flipa la trufa. No me gusta el frio y me apasiona el esquí. Ya tienes las primeras contradicciones de la vida. Vuelvo después de unos meses con una misión.  No fumo y me dan tanto asco las drogas, como el daño que hacen en las personas. Me pongo crema antiarrugas desde los veinte, porque soy de los que creen que la perseverancia es la única que da resultados. Me gusta el vino y el jamón, una reunión de mi secta privada y vivir la vida. Hablando de sectas…

Hoy os hablaré de porque «DIOS» no ayudo a mi amigo que murió mientras el culpable deambula. Vale, bien olvida la excepción, que hay de las incontables guerras declaradas en su nombre, vale bien, que hay del racismo, el sexismo, la fobia de odio.  Y no solo hablo de Jesús, estoy hablando de toda religión organizada, exclusivos grupos creados para gestionar el  control, un traficante que mantiene a la gente adicta a la droga de la esperanza. Sus seguidores no son mas que adictos que quieren su pico de mierda para mantener su dopamina de ignorancia adictos con miedo a creer la verdad. Que no hay orden, que no hay poder. Que todas las religiones son sólo gusanos que metastatizan mentes, hechos para dividirnos. Así es más fácil ser gobernados por los charlatanes que quieren manejarnos.

Para ellos, solo somos seguidores pagados de su pobre franquicia de ciencia ficción. Sino escucho a mi amigo imaginario, porque cojones debería escuchar el tuyo. La gente piensa que su plegaria es alguna llave a la felicidad, pero así es, como se adueñan de ti. Aún no estoy lo bastante loco, para creer esa distorsión de la realidad.

¡Así que, que le jodan a DIOS!